
El otro día fui al super, como siempre. Uno de esos donde se puede estacionar su auto frente a las cajas. Tenía pocas cosas que comprar y mucho tiempo libre, así que deambulé entre los pasillos sin destino fijo.
En uno de ellos me crucé con una rubia ni linda ni fea, (una de esas rubias taxi que tantas hay), que ni siquiera se dio cuenta de mi existencia. Como no era una de esas que uno se da vuelta para admirarla, me olvidé del asunto.
Su carrito estaba bastante lleno ya, supuse que era la compra grande del mes que mucha gente hace y volví a cruzarme con ella un par de veces más, mientras su carrito seguía llenándose. En una de ellas, estaba con un feroz tipo, grandote y con cara de malo. Entendí también, un poco divertido, su caminar con los ojos bajos.
Por casualidad, cuando llegué a las cajas y estaba por pagar, volví a ver a la pareja un par de cajas más allá. Pagué y llevé mis cosas a mi auto. Sin apuro, acomodé las compras en el asiento trasero con tranquilidad (no sea que alguna preciosa botella se rompa) y me acomodé en el asiento del conductor para salir.
En ese preciso instante, pasó frente mío la misma rubia. Tenía sus manos y brazos llenos de bolsas y a juzgar por la cara de esfuerzo, eran suficientemente pesadas. No contenta con eso, apretada entre su brazo un poco más libre, traía una bolsa grande de carbón.
La vi pasar un poco divertido y un poco incrédulo, porque cinco pasos más atrás, con cara de satisfecho y con las manos en los bolsillos venía el feroz tipo. Por supuesto, nada en sus manos ni brazos. Abrió el auto, esperó que la rubia pusiera todas las cosas en el baúl y se fueron. Me pareció tan tragicómico que me reí solo de lo que había visto, pero por lo visto me impactó lo suficiente como para no olvidarme del asunto.
Un par de días después, en un grupo de amigos, comenté la situación, incomprensible desde mi punto de vista.
Pero la respuesta del grupo fue más incomprensible aún para mí. La conclusión general fue "Y bueno, seguro que el tipo era el que pagaba".
Por lo visto, el que paga obtiene una dispensa general, al punto de poder dejar de lado las más elementales normas de convivencia o de sentido común. El que paga tiene el poder omnímodo sobre los demás y el resto lo asume con sumisión perruna.
No quise arruinar su concepción del mundo y del machismo haciéndoles ver que ese camino era la vía más segura para figurar en la tapa de la revista "El cornudo de la semana".
Para qué amargarlos, encima era lunes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario